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Opinión

Entre insinuaciones e insultos, vivimos en el fútbol del revés

Foto/Tomada de Internet

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Desarrollarse, sentirse parte, estar alrededor o por lo menos acercarse ligeramente al fútbol salvadoreño, no es cualquier cosa. El balompié de este país cada vez muestra menos oportunidades de dejar de sorprender, lastimosamente no siempre por cosas positivas.

Entre amaños, premiaciones a oscuras, jugadores que olvidan su calzoneta, equipos que no controlan su propia indumentaria y el fuego cruzado entre algunos personajes, solo queda preguntarse ¿esto es lo normal?

Como punto de partida hay que aclarar, no soy el anticristo, mucho menos detractor del fútbol salvadoreño, pero si alguien vive alrededor de este deporte, que comparte con los actores principales de este fútbol y que muchas veces ve luces de algún cambio, pero que también es testigo de cómo algunos personajes se esfuerzan por regresarlo a las tinieblas.

El pasado fin de semana, Pasaquina, se convirtió en noticia no por su actuación dentro de la cancha, más bien, por aspectos insólitos e insinuaciones de su técnico, Juan Andrés Sarulyte.

Por un lado, el no poder alinear a un jugador por haber dejado su calzoneta en casa. Y por el otro, al finalizar el partido, el técnico pasaquinense descargó su presión en diferentes situaciones. Entre ellas, malas actuaciones arbitrales, digamos que en este deporte y en este país, puede ser el pan de cada día.

Lo realmente malo es cuando las insinuaciones fueron más allá y pasaron de acusar el arbitraje a machar el nombre de equipos, hasta llegar, de cierto modo a  dañar la dignidad de algunos futbolistas.

Dicho sea de paso, que no se ha presentado prueba alguna de acusación hacia ellos, y en el primero, que los jugadores a los que se refirió que no fueron alineados, estaban sancionados para ese partido.

Lo que pudo quedar en un arrebato y un momento de cólera de Juan Andrés Sarulyte, dio pie a un nuevo desliz de Roberto Campos, dirigente de Isidro Metapán.

En el programa radial Los Provocadores, tuvo la oportunidad de defender a la institución que representa de las insinuaciones del técnico pasaquinense. El dirigente argumentó sobre las palabras de Sarulyte, explicó la base sobre la posibilidad de una destitución del técnico, hasta tildarlo de imbécil por sus declaraciones.

No se trata de defender o condenar las acciones de cada uno, más bien de analizar cuanto contribuyen con el desarrollo del fútbol salvadoreño. Por un lado, Sarulyte, se equivoca con insinuar que hay situaciones extrañas y relacionarlas con uno de los temas en boga y con mayor paranoia en el aficionado salvadoreño.

Pues no todos los errores son inocentadas, ni todas las jugadas extrañas son amaño o confabulación en su contra. Por otra parte, Roberto Campos, pudo causar un mejor efecto si sus críticas hubieran sido sin faltar el respeto del otro.

Pues cuando una crítica pasa a insulto, pierde credibilidad y el sentido en el cual haya sido emitido. Ya que hace uso de un falso concepto de “ir de frente”.

Conociendo los conceptos de ambas partes, se de su propia boca que quisiera aportar y ver prosperidad en el fútbol salvadoreño, en base a eso les dejo unas preguntas: ¿Fueron constructivas sus palabras? ¿Era la mejor forma de actuar para beneficio del fútbol de El Salvador?

Rómulo Guzmán.-

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